domingo, 4 de agosto de 2013

Sombras en la carretera.

   Inicio servicio con normalidad. Con sueño, pero sin novedad. La noche transcurre con aplomo sobre un silencio continuo y monótono, realizando rondas, controlando accesos, lanzando destellos con la linterna rodeando el perímetro y atendiendo al más mínimo movimiento.
   No acecha el peligro en toda la noche. O sí. El mayor mal que tienta la suerte es uno malevo e insidioso, progresivo, ominoso.
   El sueño.
   Me atrapa en su tela de araña y teje diligente una trampa que me tira y me tira hacia el centro. Las horas se acumulan y las sombras se extienden. Siempre pasa así. Ya estoy acostumbrado.
   Una vez más termino el servicio por la mañana batallando contra ese enemigo acérrimo de los Vigilantes de Seguridad, ese sueño pesado que, sin control, nubla la realidad.
   Giro el contacto en el coche y se enciende la radio y las luces del cuadro en el salpicadero. Giro la rueda de las luces "click", "clic" y se ilumina el camino de tierra con las cortas del coche. Así arranco y parto, tentando a la suerte y dejando tras de mí una polvareda espesa de polvo lacerante de silice cristalina, el cual la Consellería de Trabajo y Bienestar regula aplicando agua con cubas de riego sin descanso, claro, mientras operan los canteros. Los vigilantes somos otra especie, pero ese es otro tema.
   Ya no hay radio buena por la mañana, pienso, están todos de vacaciones.
   Joder.
   En menos de seis minutos me acecha de nuevo el sueño putañero pues es el momento cumbre de superación: mantener los ojos abiertos en la carretera. Bajo la ventanilla y pongo la música a tope. Dos minutos. De nuevo el sueño. Es una batalla perdida, me digo, ¿por qué no parar -pienso - y refrescarme la cabeza con agua, darme de hostias hasta que reaccione o, qué se yo, revolcarme por el suelo y ya echar el uniforme a lavar en bloque? Lo que sea, pero pronto. Y así somos los gilipollas como yo, que jamás he parado, y por ese orgullo estúpido de yo puedo o yo controlo continúo un poco más.
   Conducir con el amanecer ya despuntando por la silueta al contraluz de las sierras es, cuanto menos, una faena. Sobre todo si es al Este hacia donde te diriges durante media hora en linea recta. Y con tal sopor encima es peligroso casi tanto como conducir ebrio.
   O peor.
   Como decía, las sombras se estiran por la noche. Y no es broma. Lo saben los afectados como yo. Llega un punto en que las señales iluminadas por los focos del coche crean sombras extrañas que toman formas aún más extrañas, como viendo de ellas surgir cuerpos cambiando de forma hasta que desaparecen a la diafanidad de la luz. Los focos ígneos de los vehículos que se cruzan contigo con sus historias propias se tornan macabros, se torna la realidad que lo envuelve a uno, truculenta y abstracta.
  Lo sé muy bien. Lo he vivido.
  Tener un grado extremo de sueño provoca delirios que, aun echandote agua por la cabeza, bajando hasta abajo las ventanillas, calzándote un par de hostias en el careto o poniendo a tope cualquier mierda de CD de OBK, El Arrebato o David Bustamante en el reproductor -tengo que renovar la música -el sueño, la mayoría de las veces se mantiene o aumenta, ponzoñoso.
   Ahí ya es cuestión de suertes, fortalezas y destinos, noches vistas para sentencia. Unos tienen buena suerte y otros mal desatino. Yo canto al ritmo de "Dulce final" como poseido. Y pienso en mis cosas casi con fuerza por concentrarme, me pongo a pensar en lo que escribiré mañana, por ejemplo, o en el "regalito" que le compraré a mi sobrina que anda siempre tan pedigüeña, por la mañana o por la tarde, cuando despierte el tío. Y con ese entretenimiento en la cabeza llego a casa, a mi calle y mi hilera en batería para aparcar que está frente a la carnicería que ya tiene su persiana a medio abrir y el camión de la carne frente a ella.
   Y solo cuando giro el contacto y siento el ronroneo del motor fenecer, asiento y me miro en el retrovisor. Finaliza el servicio -le digo a mi expresión cansada -ahora sí, sin novedad.
 

5 comentarios:

  1. Me ha gustado. Conozco a mucha gente que trabaja de noche y los reconozco en lo que describes. Es duro, la verdad... Mucho ánimo, David. Que después de eso te queden ganas de escribir y hacerlo bien es una maravilla.

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    1. Gracias, Patricia, eres el sustento de mis ánimos con tus palabras.

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  2. David, soy Rubén Falgueras.

    Tio, me he sentido reconocido yo he trabajado mucho por los noches y se lo que es batallar contra el sueño.
    Tratas de beber cafeína y bebidas energéticas...Pero nada...Siempre vuelve el puñetero.

    Ha sido un placer leerte compañero,

    Mantén tu pluma bien afilada, nuevo escritor.

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    1. Es muy jodido, me alegro de no estar solo en esto, colega. Espero que no te hayas sentido identificado con la música del coche por lo menos, y aún tengas esperanzas. jaja Un placer y gracias por el comentario.

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  3. Por la música no...Siempre tengo A mis músicos conmigo

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