lunes, 12 de octubre de 2015

El día de la Hispanidad

   No, no me siento representado por esto. Que salgan los vocablos panhispánicos, los bonitos refranes, los bailes coloridos, los vínculos culturales del mundo hispano a la calle a desfilar, no las Fuerzas Armadas ni los brillantes galones, en este día no. Así lo siento yo, pues tienen su día para desfilar.
   Este día, 12 de octubre, día de la Hispanidad, representa la llegada de Cristóbal Colón a la Isla de Guananí en 1492, y quizá un enlace social y cultural para la época contemporánea entre pueblos tan diversos; el desfile militar representa, en cambio, para mí, el poder que un día tuvo el imperio español en América, y con él el sometimiento de los pueblos indígenas bajo el yugo de la corona y la esquilmación de sus recursos; hoy, los militares desfilando con toda su grandeza, su valentía, su honor, con toda su importancia y su trascendente tarea para con el estado español, simboliza, a mi pesar, con este desfile, el imperialismo, las matanzas de millones de seres humanos, las conversiones forzadas, la destrucción de culturas, los cientos de barcos cargados de esclavos Africanos llevados a la fuerza a América a trabajar.
   Que salgan los refranes hispanos a bailar, que se vista la Tonantzin, si quiere, de la Guadalupana y Quetzalcoatl, si le place, de Santo Tomás. Que se llenen las calles de cantos, de flores, de colores representativos del pueblo indígena diezmado, que se cante por la gran riqueza cultural del mestizaje. Pero no militares. Hoy no, por favor.
   Para mí no. Hoy es el día, me digo, del respeto por la tragedia histórica, el día de la reconciliación y el perdón con una mirada hacia el pasado.
   No me siento representado, decía, ni siento orgullo ni me lleno de satisfacción al verlos formar con un coste de ochocientos mil euros para nuestras arcas en un día como el de hoy. Y lo escribo claramente, pues no percibo que sea un día digno para celebrar.

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