viernes, 10 de junio de 2016

Mi libro y yo

   Hace ya unos años que escribí este cuento, esta prosa lírica que acabó siendo una novela y que ahora decora mi pequeña biblioteca personal y la de algunos más. A veces lo veo ahí encajonado entre cubiertas de grandes títulos, llamándome, susurrando en mi cabeza.
   He cambiado mucho desde que escribí este libro, ciertamente. Conocimientos, emociones, redistribución del pensamiento, tendencias ideológicas a favor de gradiente.
   Sin embargo, al releerlo después de todo este tiempo, me encuentro sorprendido, emocionado también, pero desconcertado a la vez al encontrarme conmigo mismo otra vez; como si todas esas sacudidas del pensamiento, todos esos paradigmas destronados, esas visiones renovadas del mundo del ahora ya estuviesen absorbidas por él, como si las páginas ya supiesen lo que yo iba a ser: lo que soy hoy. Como si en ese trance mágico del escribir se abriese una brecha en el tiempo, y pasado y futuro se uniesen y entreverasen por entre las letras y los bosques, por entre las frases y los encantados lagos, y hubiese quedado plasmado el estático cambio de mi conciencia, de lo que una vez fui, de lo que seré algún día, de lo que siempre he sido y soy hoy.
   La magia brilla por entre los intersticios de la realidad constantemente, y es a veces desconcertante. Por eso me doy a ella.

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