viernes, 30 de septiembre de 2016

Impago de impuestos

   Si con nuestros impuestos se gasta Europa miles de millones de euros en expulsar a seres humanos refugiados de una guerra que no eligieron, si con nuestros tributos se gasta el Estado decenas de millones en gasto militar para defender nuestra nación en Afganistán, en Mali, en Sierra Leona o en Irak, si con nuestro dinero se rescatan bancos, se reprimen manifestaciones, se pagan privilegios, desmanes, puteríos y sotanas, si con nuestros impuestos se paga una educación preproductiva, en manos editoriales, de doctrinaria ideología capitalista competitiva consumista, si con mi dinero se paga una sanidad biologicista biomédica psiquiátrica donde se relame un corporativismo farmacéutico inhumano, si con nuestros impuestos se construyen y construyen con ladrillos pareidolias que no existen ni utilizamos ni pedimos ni necesitamos los de abajo, si nuestros impuestos se pierden entre parlamentos, sobres, diputaciones, sobresueldos y pagas vitalicias mientras nosotros luchamos por una mísera paga doble para unas exíguas vacaciones, entonces, parafraseando a David Thoreau, ¿para qué pagamos impuestos? Ni el más imaginativo de los narradores podría imaginarse algo peor a esto, con nuestro dinero en manos de nuestro paternalista Estado; ni el más fantasioso podría imaginar que fuera peor una autogestión de los recursos en manos de la propia gente que los genera.
   ¿Acaso podría ser peor?
   ¿Por qué impuestos en manos de representantes, entonces? Porque si no pagas viene la policía alentada por el juez que está alentado por el legislador y sus leyes y su doctrina y su razón; legislador, juez y policía pagados por impuestos nuestros, reprimidos, entonces, por nosotros mismos con ganas de jodernos antes de ir a dormir, a soñar; soñar que no hace falta más Europa que la luna de Júpiter ni más Estado que el Individuo en colectividad ni más provincia que la Igualdad social mundial.
   Soñar.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Y entonces dijo el perro: el mundo está loco

   Vientos de la modernidad que evidencian la imperiosa necesidad de aumentar la seguridad ciudadana, tramontana impetuosa que aumenta la sensación de bienestar subjetivo tras grises vallas, mofándose de la libertad del viento y el céfiro que baja soporífero buscando calma, callado, sin decir nada mirando las vallas. Y llega la sensación de que cada cosa está mejor en su sitio, cada cuerpo social en su caja, cada grupo animal en su jaula. La galerna encerrada y callada.
   Caminan los canes amaestrados, mejor atados, sometidos por sus dueños, mejor agarrados por sus cuellos bellos, ahogados por el humano ego.
   Y el viento sopla solícito, amarrado, sometido por la correa de la modernidad.
   Aquello que es tocado por el desatinado hombro del gobierno, mediado por el brazo autonómico, ejecutado por la firme mano municipal, pareciera que es privado de derechos que antes se poseían y que luego ya no se tienen. Y entonces los perros ya no corren libres por los parques ni juegan con los niños, ambos recluidos en sus respectivos campos de concentración vallados, aislados del mundo real; no lleve usted al perro al parque de los niños o será multado, no lleve usted al niño al parque de los perros donde deambulan sueltos, macilentos llenos de polvo, ahogados por nuestro deber social, no vaya a ser que se vuelvan locos ambos, y de pronto jueguen llenos de babas y barros, y de pronto se lo pasen en grande.
   El viento ya no sopla del levante, se ha quedado lejos, donde hay parques para niños y perros, torcaces, abuelos, patines, balones, gatos, plazas y charlas intergeneracionales, se ha quedado donde no lo puedan amarrar, donde juega libre al juego de la Libertad.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Nuestra esperada visita

   En los inmarcesibles mares intrauterinos navega ahora un alma extraña, la he visto, un alma inquieta, la he esperado tanto, un alma muy nuestra, muy cercana.
   Es de nuestra vida juntos, extendida, nuestra pasión y nuestras consciencias entreveradas, el fruto en agraz de estar construyendo un futuro seguro y siempre incierto lleno de obstáculos y metas cercanas y lejanas.
   Y ahora sé que baila, lo he atisbado entre las aguas, y ahora sé que danza con sus deditos entre los turbios mares de su cubil aislado, conectado a ti, ¿será niño? conectado a mí, ¿será niña? ¿Cuál es el esfuerzo de la naturaleza y el precio a pagar, ¡dime!, para que tan bello y costoso proceso hacia la vida y el eros se dé a cabo y nos colme de esta desbordante felicidad que me llena, que me calma los pesares del alma, que nos envuelve a ambos enrojecidos los carrillos, desde el sueño a la vigilia, desde la noche al día de esperanza por la vida y el amor?, ¿será niño?, cógeme la mano y no me sueltes, ¿será niña?, acércate a mi piel y dame un beso, mi amor, ¿serán sus ojos como los tuyos, tan grandes y hermosos, donde no caben ni habitan las dudas ni los malos sueños? No hay lugar para las dudas. Estamos aquí. Juntos.
   Como una familia, esperando a nuestro bebé.