lunes, 5 de septiembre de 2016

Nuestra esperada visita

   En los inmarcesibles mares intrauterinos navega ahora un alma extraña, la he visto, un alma inquieta, la he esperado tanto, un alma muy nuestra, muy cercana.
   Es de nuestra vida juntos, extendida, nuestra pasión y nuestras consciencias entreveradas, el fruto en agraz de estar construyendo un futuro seguro y siempre incierto lleno de obstáculos y metas cercanas y lejanas.
   Y ahora sé que baila, lo he atisbado entre las aguas, y ahora sé que danza con sus deditos entre los turbios mares de su cubil aislado, conectado a ti, ¿será niño? conectado a mí, ¿será niña? ¿Cuál es el esfuerzo de la naturaleza y el precio a pagar, ¡dime!, para que tan bello y costoso proceso hacia la vida y el eros se dé a cabo y nos colme de esta desbordante felicidad que me llena, que me calma los pesares del alma, que nos envuelve a ambos enrojecidos los carrillos, desde el sueño a la vigilia, desde la noche al día de esperanza por la vida y el amor?, ¿será niño?, cógeme la mano y no me sueltes, ¿será niña?, acércate a mi piel y dame un beso, mi amor, ¿serán sus ojos como los tuyos, tan grandes y hermosos, donde no caben ni habitan las dudas ni los malos sueños? No hay lugar para las dudas. Estamos aquí. Juntos.
   Como una familia, esperando a nuestro bebé.

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