lunes, 8 de julio de 2019

Nuevo número de la revista de la AEM

Ganar para perder

   Mientras, con sibilantes artes oscuras, son tentados tus sentidos por una amplia gama de posibilidades de juego, con luces y colores rutilantes y promesas de un éxito en verdad inalcanzable, la probabilidad de ganar se aleja y te es negada de antemano, despojado de ella como a un cachorro de su madre. Todo es en vano, chico.
   No puedes ganar.
   Y sin poder ganar, mas creyendo poder hacerlo quedas atrapado en un baile incesante de miles de ceros tras un cero coma comandando, enhiesto, a sus huestes.
   Anuncios, famosos, sonrisas, impulsos eléctricos en tu cerebro; dinero. Vanas promesas de un éxito a largo plazo altamente improbable, preso de la diosa aleatoriedad.
    Y cuando el corto plazo te dé miseria de mamar, alimentando la creencia, percepción errónea, en la facilidad y la posibilidad del acceso a la riqueza, entonces estarás dentro. Dentro del laberinto, con tu cerebro adicto.
   Al final, la máquina evolucionó a un chisme portátil con portátiles dosis de una droga invisible. Y se convirtió en adicta; adicta a las apuestas para las que los seres humanos fueron desde entonces, y en adelante, su moneda y su mercancía.
    La máquina siempre gana con sus apuestas. Y tras ella hay otros que ganan, mas ni si quiera apuestan, pero venden cómo hacerlo con más promesas vanas, o quizá medien entre la suculenta víctima y la apuesta. Apremia la Ilusión de control sobre eventos aleatorios o sobre resultados objetivamente incontrolables, impera la sin razón; la impredecibilidad inherente a los eventos de juego cae por el peso de una siempre inadecuada información. Apuesta.
    Apuesta.
    La ansiedad te crece, a veces. En ese instante ínfimo previo al final, antes de perder o ganar. Ganar, si tienes mala suerte, te atrapa progresivamente en el futuro y te despoja del presente; la apuesta, si ganas, se volverá contra ti, se tornará consecutiva y compulsiva, con el tiempo.
    Laberinto en tu mente.
    ¿Podrás parar? ¿Podrías parar? ¿Podrías, si quisieras, poner fin frente a la ansiedad previa que te empuja a apostar de nuevo otro poco, o muy poco, que se hace mucho sin avisar?
    Mientras la mano se hace hábil y automática la mente se vuelve adicta, ¿podrás parar?, ¿querrás parar?
   Mano, moneda y mente, unidas por impulsos eléctricos subyacentes.
    Las apuestas y su accesibilidad crecen y se expanden, y crece la creencia en la posibilidad, y crecen los ejemplos de gente fulgurante apostando exitosamente. Pero detrás no hay nada más que publicidad y otra gente que gana sin siquiera apostar. Tras la mano, la moneda y el tiquet, tras la aplicación y la cuenta bancaria no hay nada más que la consecución victoriosa de una ciencia de la adicción y la ganancia, a costa de ti. Apuesta. Apuesta, si quieres, para jugar. Pero asúmelo.
    No puedes ganar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario