miércoles, 10 de marzo de 2021

Nuestro Bosque de Tinta: Predador

   Al principio el depredador era solo un depredador. Cazaba, comía, dormía. La pantera negra, como otros, era astuta y sigilosa, y acechaba a su presa desde la sombra de los bajos arbustos de la selva. Con el paso de los siglos el depredador se fue haciendo más y más listo. Fue irguiéndose y poniéndose en pie, pues su inteligencia le permitía cazar mediante la creación y utilización de trampas, y ya no necesitaba correr tan rápido ni agazaparse tras los arbustos. Fue perdiendo las garras, pues utilizaba herramientas para cortar y comer, y utilizaba la mentira y la traición para matar. Fue perdiendo los colmillos y mejoró su lengua para mejor mentir, y atrapar así a su presa con la superchería y la insidia. Su mirada ya no era asesina y penetrante, como antaño, sino persuasiva, cautivadora.
   Al final, el depredador se refinó hasta tal punto que ya no parecía un predador. Se hizo el más eficaz en la caza, y la selva se fue transformando y transformando, a su vez; y la hojarasca, y los troncos de madera se convirtieron en fríos pilares de hormigón rectangular, y los ríos, cambiados también, mudaron en sinuosas carreteras de alquitrán.
Pero el depredador, el cazador implacable, seguía allí, adaptándose a su nuevo hábitat. 
   Dominándolo.
   El tiempo lo había cambiado todo y no había cambiado nada.
   Todo y nada a la misma vez, en la misma medida.

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